La actividad diaria de una empresa depende cada vez más de su conectividad. Aplicaciones en la nube, videollamadas, telefonía IP, sistemas de gestión, cámaras, dispositivos conectados o el acceso remoto a determinados recursos necesitan una infraestructura capaz de responder de forma estable y segura.
Por eso, hablar de conectividad empresarial ya no significa únicamente contratar una conexión a internet con suficiente velocidad. También implica pensar en cómo se distribuye esa conexión dentro de la empresa, cómo se comunican los diferentes equipos, qué medidas protegen la red y qué ocurre si la conexión principal deja de funcionar.
La cuestión no es únicamente cuántos megas necesita una empresa, sino qué infraestructura necesita para poder trabajar con normalidad hoy y seguir haciéndolo a medida que crece.
¿Qué es la conectividad empresarial?
La conectividad empresarial engloba las tecnologías e infraestructuras que permiten que los trabajadores, dispositivos, aplicaciones y, cuando existen, diferentes sedes de una organización puedan comunicarse entre sí y acceder a los recursos que necesitan.
Por tanto, una infraestructura de conectividad puede incluir diferentes elementos:
- La conexión a internet.
- La red interna de la empresa.
- La cobertura WiFi.
- Las comunicaciones y la telefonía IP.
- Los sistemas de seguridad.
- Las conexiones entre diferentes ubicaciones.
- Las soluciones de respaldo para mantener la actividad ante una incidencia.
Todos estos elementos están relacionados. De poco sirve disponer de una conexión muy rápida si la red interna no puede distribuirla correctamente o si una incidencia deja a toda la empresa sin acceso a los sistemas que necesita para trabajar.
¿Por qué una buena conexión a internet ya no es suficiente?
La velocidad sigue siendo importante, pero es solo una parte de la conectividad de una empresa.
Podemos tener una conexión de gran capacidad y, aun así, encontrarnos con zonas de la oficina donde el WiFi funciona mal, llamadas IP que sufren cortes o una red que empieza a saturarse cuando se conectan demasiados dispositivos.
También podemos disponer de una conexión perfectamente estable, pero tener una infraestructura que no separa correctamente determinados equipos o que no cuenta con una alternativa si se produce una incidencia.
Esto ocurre porque la conexión que llega a la empresa y la infraestructura que permite utilizarla no son exactamente lo mismo.
A medida que aumenta la dependencia de herramientas digitales, la conectividad debe analizarse de una forma más amplia. No basta con preguntarse qué velocidad contratar. Hay que saber cómo se utiliza esa conexión y qué consecuencias tendría que alguna parte de la infraestructura dejase de funcionar.
¿Qué necesita una infraestructura de conectividad empresarial?
No existe una configuración adecuada para todas las empresas. Las necesidades dependen del tamaño, la actividad, el número de trabajadores, los sistemas utilizados y el nivel de dependencia tecnológica.
Sin embargo, existen varios elementos que conviene analizar conjuntamente.
Una conexión dimensionada según la actividad
Una empresa no debería elegir su conexión únicamente comparando velocidades.
Dos negocios con el mismo número de empleados pueden tener necesidades completamente diferentes. Una oficina que trabaja principalmente con correo electrónico y aplicaciones web no utiliza la red de la misma manera que una empresa que realiza videollamadas constantemente, mueve archivos pesados o utiliza numerosos servicios alojados en la nube.
Para dimensionar correctamente una conexión conviene tener en cuenta cuestiones como:
- Número de trabajadores y dispositivos.
- Uso de aplicaciones en la nube.
- Videollamadas y reuniones online.
- Transferencia habitual de archivos.
- Telefonía IP.
- Accesos remotos.
- Sistemas y servicios que necesitan conectividad permanente.
La solución adecuada será aquella capaz de responder al uso real de la empresa, no simplemente la que ofrezca una cifra de velocidad más elevada.
Una red interna preparada para todos los dispositivos
Que la conexión llegue correctamente al edificio no garantiza que todos los trabajadores puedan aprovecharla de la misma manera.
La red interna es la encargada de distribuir esa conectividad entre ordenadores, teléfonos, impresoras, cámaras, servidores, puntos de acceso WiFi y el resto de dispositivos.
Su diseño puede implicar elementos como cableado, switches, puntos de acceso y diferentes configuraciones de red. Además, a medida que aumenta el número de dispositivos, también puede ser necesario organizar mejor cómo se comunican entre ellos.
Por ejemplo, no todos los equipos tienen por qué compartir el mismo entorno. En nuestro artículo sobre segmentación de redes explicamos por qué separar determinadas partes de una infraestructura puede ayudar a mejorar la seguridad empresarial.
Por eso, dentro de las soluciones de redes empresariales, tan importante es disponer de conectividad como conseguir que esta se distribuya correctamente allí donde se necesita.
Comunicaciones integradas con la red
La evolución de las comunicaciones empresariales también ha hecho que telefonía y conectividad estén cada vez más relacionadas.
La telefonía IP y las soluciones VoIP permiten realizar comunicaciones de voz utilizando redes basadas en tecnología IP. Esto aporta nuevas posibilidades a las empresas, pero también hace que la calidad de la infraestructura de red tenga una influencia directa sobre las comunicaciones.
Una red mal dimensionada o con problemas de estabilidad puede afectar a la calidad de las llamadas.
Por eso, cuando una empresa plantea modernizar sus comunicaciones, conviene analizar conjuntamente telefonía, conexión y red interna.
Seguridad incorporada desde el diseño
Cuantos más dispositivos y servicios dependen de una red, más importante resulta controlar cómo se producen las comunicaciones.
La seguridad empresarial no debería añadirse únicamente cuando aparece un problema. Conviene incorporarla al propio diseño de la infraestructura.
Soluciones como los firewalls, la segmentación de redes, las VPN o los controles de acceso pueden desempeñar diferentes funciones dentro de una estrategia de protección.
No se trata de aplicar una única medida, sino de combinar diferentes capas según las características de cada organización.
Una alternativa si falla la conexión principal
Existe otra pregunta que no siempre se plantea cuando se diseña la conectividad de una empresa:
¿Qué ocurre si mañana deja de funcionar la conexión principal?
La respuesta depende enormemente de cada negocio.
En algunas organizaciones, una caída temporal puede generar una molestia. En otras puede impedir cobrar mediante determinados sistemas, acceder al ERP, utilizar aplicaciones en la nube, realizar llamadas o continuar atendiendo a clientes.
Cuando la actividad depende especialmente de internet, puede ser necesario disponer de una conexión de respaldo que permita mantener determinados servicios operativos ante una incidencia.
Soluciones de continuidad como Dual Connect de WÏKAI permiten plantear la conectividad teniendo en cuenta no solo cómo funciona en condiciones normales, sino también qué debe ocurrir cuando falla la conexión principal.
Una buena conectividad empresarial es la que acompaña a tu negocio
La pregunta ya no debería ser únicamente cuánta velocidad de internet necesita una empresa.
También conviene preguntarse si la red está preparada para todos los dispositivos conectados, si las comunicaciones funcionan correctamente, si existen medidas adecuadas de seguridad, qué ocurriría ante una caída y si la infraestructura podrá seguir respondiendo cuando el negocio crezca.
Una buena conectividad empresarial es aquella que se adapta a la forma de trabajar de la organización y permite que personas, dispositivos y aplicaciones se comuniquen de forma estable, segura y eficiente.
En WÏKAI Empresas analizamos las necesidades de cada organización para plantear soluciones de conectividad e infraestructura adaptadas a su actividad y evolución.
No dudes en contactar con nosotros para recibir más información.
